Caminando por las calles y plazas de la ciudad de Estambul lo más probable es que la
vista se pierda entre la infinidad de minaretes, antiguos edificios, puestos de
todo tipo con los objetos y alimentos más variopintos o en el simple discurrir
de los atareados comerciantes turcos, e incluso en pleno cuerno de oro la
situación se complica todavía más, pues tendremos que elegir entre mirar hacía
la gloria de Hagia Sophia
o decantarnos por el arte de la mezquita
Azul. En todas estas situaciones hay un común que la mayoría pasará por
alto, el no preguntarnos que existe bajo nuestros pies, que puede llegar a ser
igual de maravilloso o incluso más que lo que está sobre ellos. Ejemplos de esto
son las ruinas del circo máximo o las viejas cisternas construidas por los bizantinos.
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Surcando el Bósforo
18 mayo 2012
Una vez más retomo el viaje a Turquía que comencé a narrar
hace varios meses y del que por ahora solo ha caído alguna pincelada suelta,
aunque no os preocupéis, porque tengo muchas más preparadas en la paleta para
esparcir sobre el lienzo. Esta vez no pretendo ser un artista de brocha gorda,
cada movimiento tiene su justificación de la misma forma que los brochazos
deben tener sus momentos de gloria, pues tampoco es menester que la muñeca esté
en tensión durante demasiado tiempo y pecar de exquisitez sin ton ni son. En
esta ocasión el marco lo pone el mar y el primer trazo los embarcaderos del
cuerno de oro.
Con la vista puesta en la torre Gálata y la antigua
Constantinopla a la espalda partíamos de los muelles dispuestos a navegar uno
de los estrechos más importantes de la historia. Su jerarquía estratégica y
comercial quedó marcada desde tiempos de la antigua Atenas, cuando los navíos
transportaban el grano desde Escitia, hasta la actualidad, representada por la
trágica batalla de Galipolli en la Primera Guerra Mundial donde tantas vidas se
perdieron.
| Vistas de Estambul desde el canal del Bósforo |
Hagia Sophia
06 marzo 2012
Parecía que me había olvidado de seguir dando detalles de mi viaje a Turquía tras varias semanas sin escribir nada desde que os presente mis intenciones. Nada más lejos de la realidad. Aunque la actualidad manda, y de ahí que las últimas semanas hayan sido un compendio (del que aún queda por contar) de mí paso por Emilia-Romaña.
Me vienen a la cabeza bastantes historias y anécdotas que poder contar de esta aventura repescada, pero me fallaría a mi mismo si no empezara por rememorar y descubrir la ensoñación que guió mi alma desde el principio por los antiguos confines del Imperio Romano de Oriente.
Me vienen a la cabeza bastantes historias y anécdotas que poder contar de esta aventura repescada, pero me fallaría a mi mismo si no empezara por rememorar y descubrir la ensoñación que guió mi alma desde el principio por los antiguos confines del Imperio Romano de Oriente.
La puerta de Asia
25 enero 2012
Creo que ha llegado el momento de emprender uno de mis
propósitos blogeros para este año. Antes o después iba a acabar llegando el día
de cambiar un poco de aires y comenzar a recuperar los viajes previos al
nacimiento de esta página, que no son pocos, y ampliar un poco las miras hacia
nuevos proyectos y aventurillas variadas que ya se están gestando en mi cabeza.
Por supuesto seguiré hablando de Japón, pues no podemos olvidar los orígenes
tan rápido; además aún quedan muchas anécdotas que narrar y lugares que
compartir.
Para no romper de golpe el idilio que mantengo con oriente y
a modo de puente intercultural, me gustaría iniciar esta nueva etapa con una
introducción de, si nos atenemos al clasicismo geográfico e histórico, la
primera vez que pise el continente asiático hace casi dos años. Conmemorando el
fin de la carrera me encontraba volando hacia la región de Capadocia, cuna de
civilizaciones como me gustaba presentársela a mis compañeros, ubicada en la
actual Turquía. Desde el primer momento, pese al frío y la nieve, de la que
dimos buena cuenta en forma de bolazos, empecé a imaginar leyendas de la ruta
de la seda, a los primeros habitantes que dejaron su marca en las múltiples
construcciones en piedra caliza, batallas y asedios, cuentos de califas. Es
impresionante, e incluso intimidante, tener milenios de historia al alcance la
mano y poder recorrer estancias que no han perecido con el paso de los siglos.
| Hagia Sophia por la noche |
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